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domingo, 16 de enero de 2011

ALIVIO DEL DOLOR: UN DESAFIO PERMANENTE

ALIVIO DEL DOLOR: UN DESAFIO PERMANENTE

Noviembre 14, 2010 | Noticias | 0 Comentario

Más del 60% de los pacientes que consultan tanto en la Atención Primaria como en los SAPU y Servicios de Urgencia presentan como síntoma fundamental DOLOR. Somos un grupo de médicos que estamos interesados en capacitar al mayor número de médicos del país en conocimientos básicos para aliviar el dolor de estos pacientes.

Posterior al terremoto del sur de Chile, realizamos capacitación de médicos de APS y Generales de Zona en Pichidegua, Talcahuano, Lota Alto, Cañete, Tirua, Contulmo.
Durante esta capacitación también entregamos elementos sencillos para el manejo de Stress postraumático.

La capacitación consiste fundamentalmente en la utilización de recursos baratos y efectivos que existen en el área pública, que permiten aliviar más del 90 % de los pacientes.

Hemos tenido buena experiencia en los reportes de aquellos médicos que han participado en las capacitaciones.

Nuestro interés es crear una red nacional de médicos por el alivio del dolor.

En esta ocasión tenemos el interés de asistir a Valdivia a mostrar nuestro trabajo.

Objetivos Generales:

Difundir estrategias y manejo de dolor agudo y crónico.
Conocer aplicación de Procedimientos Analgésicos en el tratamiento del dolor agudo y crónico.
Aproximarse a la realidad nacional y de la región sobre manejo de dolor según patologías recurrentes en APS y Servicios de Urgencia.

Objetivos específicos:

Enseñanza de estrategias de manejo del Dolor
Enseñar clasificación actual y escala de analgesia según OMS
Farmacología de diversos medicamentos más empleados.
Desarrollar una clase teórico- práctico de Procedimientos Analgésicos.
Discusión de casos.
Médicos por el Alivio del Dolor

Dra. Carla Pellegrin (Anestesióloga. Policlínico de Alivio del Dolor Hospital Sn José)
Dra. Francisca Pino (Policlínico de Alivio del Dolor, Hospital San José)
Dr. Mauricio Ballas (Policlínico de Alivio del Dolor, Hospital San José).

medicosaliviodeldolor@gmail.com

JORNADA ALIVIO DEL DOLOR

UN DESAFIO PERMANENTE

PROGRAMA

Sábado 13 de Noviembre

09:00 a 09:30: Recepción e Inscripción.
09:30 a 10:00: Generalidades del Dolor.
10:00 a 10:30: Estrategias de Manejo del Dolor
10:30 a 11:00: Procedimientos analgésicos.
11:00 a 11:30: Café
11:30 a 12:00: Dolor Crónico. Dolor Oncológico
12:00 a 12:30: Dolor Agudo. Politraumatizado.
12:30 a 13:00: Manejo Cefalea Tensional.
13:00 a 14:30: Almuerzo
14:30 a 15:00: Revisión de Casos Clínicos
Expositores

Dra. Carla Pellegrin F.
AnestesistaPoliclínico de Alivio del Dolor, Hospital San José.
Dr. Mauricio Ballas M.
Medico General
Policlínico de Alivio del Dolor, Hospital San José.
Dra. Francisca Pino C.
Medico General

Policlínico de Alivio del Dolor, Hospital San José.

http://mgz.cl/alivio-del-dolor-un-desafio-permanente/

Rol Docente del Policlínico del Alivio del Dolor

Rol Docente del Policlínico del Alivio del Dolor
Dra. Carla Pellegrin.

A cinco años del inicio de la unidad de alivio de dolor y cuidados paliativos del Hospital San José con un equipo multidiciplinario especializado trabajando en forma permanente por lograr el objetivo: "mejorar la calidad de vida" en las personas...

1° Premio Jornada Nacional Alivio del Dolor MINSAL-2000

HOSPITAL SAN JOSE - CDT PAD y CD

Dra. Carla Pellegrin, Anestesióloga
EU Silvana Santander.
Ps. Karime Tala.
TPm Margarita Cortés

Introducción
A cinco años del inicio de la unidad de alivio de dolor y cuidados paliativos del Hospital San José con un equipo multidiciplinario especializado trabajando en forma permanente por lograr el objetivo: “mejorar la calidad de vida” en las personas que ingresan al programa y considerando la creciente demanda y los recursos limitados, nace la necesidad de sensibilizar a la comunidad hospitalaria para así lograr un cambio de conducta de los profesionales frente al paciente con dolor. Es por esta razón que el equipo se plantea, además de la labor asistencial, la labor docente como una forma de mejorar el quehacer de los profesionales y por sobre todo la calidad del servicio en beneficio de los pacientes.

Antecedentes
Las Unidades de Alivio de Dolor y Cuidados Paliativos han sido creadas con un fin específico, que considera aspectos multidimensionales del individuo.
Un nivel determinado de calidad de vida se obtiene como resultado de cuatro factores, el estado físico, psicológico, emocional y la interacción social de la persona, al modificarse uno o varios de estos factores individualmente, se producen alteraciones en la calidad de vida del individuo.
Desde la óptica del paciente, esto significa el respeto a su dignidad humana, a aquello que enriquece y mantiene su autoestima, por y para sí mismo, por y para los demás.
Por otra parte el dolor en este contexto no sólo afecta físicamente al individuo, también todas las áreas de la vida: física, social, laboral y emocional, es entonces cuando se conceptualiza como "dolor total", ya que cumple la función de filtro en sus vivencias, es así como, el individuo que lo sufre no sólo lo percibe, lo que escinde su unidad corporal, sino que además, percibe los eventos de su vida a través de la experiencia dolorosa. Siendo aún más relevante cuando la mayoría de las personas que lo experimentan están viviendo el proceso de fin de vida, lo que empeora el estado emocional y acrecienta el sufrimiento.

En consideración a lo anterior se hace indispensable la toma de conciencia por parte de todos los profesionales de la salud, no sólo de aquellos directamente relacionados con el tema, ya que aliviar el dolor facilita y mejora la calidad de vida de las personas. Más aún si los pacientes tienen historia de dolor de varios días, semanas o meses, para recién ser atendidos en estos centros especializados. Esto dificulta un adecuado manejo de las problemáticas relacionadas que se generan posterior al ingreso a la Unidad.
Es por esta razón que la Unidad de Alivio del Dolor y Cuidados Paliativos del Hospital San José, se ha propuesto desde su inicio, mostrar y difundir de forma práctica el quehacer de sus profesionales. Es así como desde el año 95 y en forma continuada, en este período se ha participado, en conjunto con los médicos tratantes, en reuniones clínicas de los distintos servicios y en torno a casos individuales, sobre el mejor manejo del dolor.
Sin embargo eso no pareció suficiente, entonces una nueva y ambiciosa inquietud hizo posible la realización de la Jornada Hospital San José por el Alivio del Dolor, en la cual se logró capacitar a 500 funcionarios del área clínica, de todos los estamentos de la Institución, cuyos objetivos fueron:
Sensibilizar a los asistentes que el dolor existe.
Que el dolor es evaluable y cuantificable.
Que el dolor es aliviable.
Que cada uno de los asistentes es responsable de aliviar el dolor de su paciente.
La que se llevo a efecto con clases teóricas por grupos según los diferentes estamentos, con énfasis en la evaluación del EVA para lo que se entregan escalas visuales modificadas, lo que facilita su uso, así como también se elaboraron y distribuyeron las Normas del Hospital sobre manejo del dolor a todos los profesionales del hospital.

También se desarrolló un programa de estudio de pre y postgrado (becados de cirugía) con la Universidad de Santiago, y el plan de formación ministerial de los becados de anestesiología del Hospital Salvador, que actualmente se mantiene en funcionamiento siendo dentro de su beca una pasada obligatoria.

La Universidad Central desde el año 98 cuenta con uno o dos cupos para alumnos de psicología en práctica.

Resultados:
1. Aumento de la cobertura en pacientes oncológicos del Área Norte.
2. Aumento de la cobertura en pacientes con dolor crónico no oncológico complejo, lo que implica una mayor derivación por parte de los colegas.
3. El Performance Status (PS) con que ingresan los pacientes ha ido mejorando en el curso de los años, lo que implica una derivación precoz.
4. Se ha detectado que los pacientes derivados tienen un mejor manejo inicial, previo a la derivación, cuando son manejados por los becados que han rotado por la Unidad.
5. En las interconsultas a sala, el rol de la unidad, es orientador en los casos más difíciles, siendo continuados por sus médicos tratantes.
6. Se hizo una medición del consumo de morfina en el Servicio de Urgencia, el cual aumentó en un 60%, seis meses posterior a la capacitación.(1998). Lo demuestra un aumento en la calidad del control del dolor según los estándares internacionales.

Conclusiones:
Las Unidades de Alivio del Dolor en los hospitales generales deben responder a las necesidades de la comunidad, aliviando a pacientes con dolor crónico oncológico y no oncológico, con el fin de lograr mejorar su calidad de vida.
Estas Unidades tienen la responsabilidad de promover el cambio de conducta en la Cultura del Dolor. Lo que se hace factible cuando la docencia se convierte en una tarea permanente que abarque a toda la comunidad hospitalaria.

http://www.ached.cl/ver_articulos.php?id=5

Alivio del Dolor: Gestión de Calidad

Alivio del Dolor: Gestión de Calidad

Dra. Carla Pellegrin Friedmann, Anestesióloga - Dr. Juan de Dios Reyes Magallanes, Magister en Salud Pública.

Aliviar el dolor debiera ser un derecho humano básico limitado sólo por nuestra capacidad para conseguirlo. Liebeskind y Melzak, 1994.

Experiencia Hospital San José.

"Aliviar el dolor debiera ser un derecho humano básico limitado sólo por nuestra capacidad para conseguirlo". Liebeskind y Melzak, 1994.

Introducción

¿Por qué Gestión de Calidad?
Administrar una institución significa dirigir y armonizar el patrimonio de todas y cada una de sus funciones - mediante criterios selectivos de eficacia y eficiencia técnicas - hacia la obtención de sus objetivos con los máximos beneficios. Hacerlo en forma “activa”, flexible y creativa, es GESTIONAR.

CALIDAD es, como la belleza o la bondad, un concepto primitivo, es decir, no puede definirse a partir de otros. La calidad es también un término que supone acepciones diferentes tanto en el tiempo como en función de quien la utilice e implica el necesario juicio de valor individual y colectivo; es, por tanto, relativo. Con todas estas características sin embargo, es uno de los elementos estratégicos en que se fundamenta la transformación y mejora de los sistemas sanitarios modernos.

La calidad de un hospital será el resultado de las políticas internas; de hacer bien lo correcto; de la imagen de la organización que perciben los prestadores y receptores de los cuidados; de la definición del servicio atendiendo al cliente interno y externo y de la adecuada interacción entre ambos. La calidad asistencial será pues definida por la comunidad científica, por el profesional, el paciente y la sociedad.

La preocupación por la calidad en la asistencia de salud es tan antigua como el propio ejercicio médico. Encontramos su origen en Papiros Egipcios en el Código de Hammurabi o en el tratado La Ley de Hipócrates. En todos los casos, buscar lo mejor para el paciente es la esencia del ejercicio, apareciendo el inseparable binomio Ética y Calidad.

Desarrollar un Programa de Mejora de Calidad
El desarrollo de un programa de Mejora de Calidad en un hospital es un proceso lento que supone, necesariamente, un cambio en la forma de hacer las cosas; se ha de involucrar a todo el personal impulsando el espíritu de equipo y compartiendo metas comunes.

Así, un programa de calidad es parte del plan estratégico de desarrollo de un hospital y tiene como norte la orientación al paciente fundamentándose en tres pilares esenciales:
1. Calidad Científico-Técnica, que hace referencia a la asistencia que el paciente realmente está recibiendo de acuerdo con el “estado del arte” de la medicina;
2. Calidad Funcional o Interactiva, que se refiere al componente interpersonal del proceso asistencial (interacción paciente-profesional);
3. Calidad Corporativa, que se corresponde con la imagen que los pacientes, los profesionales y aún la población general, tienen de ese hospital.
De los tres, estamos bastante familiarizados con los dos primeros, pero el último ha sido el menos considerado de los tres aunque es claro que la imagen del hospital “colorea” todas las percepciones del mismo. Cuidar la imagen es importante porque tiene un efecto globalizador para los pacientes y es costoso de modificar. Una buena imagen facilita un crédito que perdona o limita (al menos durante un tiempo) las impresiones, y a veces las experiencias, insatisfactorias de los pacientes. A la inversa, una mala imagen contamina tanto las percepciones que ha tenido el paciente tras su paso por el hospital, como las expectativas con que puede afrontar posteriores encuentros.
Un paciente que consulta en un hospital interactuará con numerosas personas además del médico. La consulta entre el paciente y el clínico es un espacio sagrado. Es una interacción de muy alto valor. Pero en la mayoría de los episodios los pacientes son vistos por varias personas. Por supuesto están los clínicos, pero es difícil imaginar que la consulta se lleve a cabo en el vacío, sin un apoyo administrativo, por ejemplo. Una buena atención depende de la colaboración efectiva entre muchas personas. La forma en que estas personas trabajan juntas es un factor determinante en la calidad de la atención.

El hacer que las personas trabajen más duro o que una persona cambie sus hábitos, es poco probable que produzca un cambio significativo en los resultados de - o en la percepción sobre - la atención en muchos pacientes. La verdadera mejoría – aquella que será percibida por los pacientes – requiere de un cambio no sólo en los hábitos individuales de trabajo sino en los sistemas y en la organización de la atención. O sea, la mejoría se producirá sólo cuando ese santuario que es la relación clínico-paciente sea visto como una parte de un esfuerzo colaborativo en que intervienen muchas personas. El trabajo de muchas personas – auxiliares, administrativos, personal clínico, de diferentes secciones y servicios – puede influir en la calidad de esa consulta. La motivación de todo el personal impactará directa o indirectamente en la atención recibida por el paciente.

Mejorar la atención muchas veces significa cambiar hábitos de trabajo. Pero no es fácil – y puede ser incluso peligroso – desafiar la forma en que la gente trabaja o cuestionar el “status quo”. El cambio sólo es posible si el proceso de cambio involucra a aquellos cuyo trabajo es el que se está cuestionando. Esta participación es particularmente importante en profesiones como la nuestra en donde se espera que tengamos gran independencia de juicio y de acción.
Tomando en cuenta todas estas consideraciones previas es que enfrentamos el tema del DOLOR en el contexto hospitalario como un elemento y oportunidad para intervenir en la cultura del Hospital San José en la búsqueda de lograr una mayor calidad en la atención.

El dolor es una de las principales causas de consulta en el ámbito médico; es parte integral de un sinnúmero de enfermedades y causa de sufrimiento y limitación en muchos seres humanos hasta el día de hoy. Sin embargo tenemos el conocimiento, los medicamentos y la tecnología para ayudar efectivamente a la mayoría de los pacientes a controlarlo. El punto es que no los estamos usando adecuadamente.
El dolor es no sólo causa de un grave deterioro en la calidad de vida de los individuos que lo sufren – y su entorno – sino es altamente costoso. Estudios en EE.UU. estimaron un costo de alrededor de 100 mil millones de dólares al año debido a dolor crónico no maligno, incluyendo costos en productividad y ausentismo laboral.
A continuación queremos contarles nuestra experiencia de intervención en el Hospital San José.

Período 1995 – 1997
En 1995 el tema del dolor comenzaba a trascender en nuestro medio. Coincidente con eso, comencé a trabajar en el Hospital San José recién finalizada mi formación de anestesióloga y terminada una pasantía de dolor en la Unidad de Tratamiento del Dolor del HOSMIL.
Me llamó la atención que en la Unidad de Post Operados la mayoría de los pacientes se quejaba de dolor. Ante eso decidí objetivar mi percepción. Para ello, en conjunto con un grupo de profesionales de la Unidad diseñamos y realizamos una encuesta.

Esta se efectuó a 70 pacientes con diferentes diagnósticos en cuyo post operatorio era esperable dolor de leve a severo. Se evaluó el EVA al ingreso, a las dos horas y al momento del alta. Los resultados corroboraron nuestra impresión inicial al constatar que más de un 70% presentó en alguna de sus evaluaciones un EVA mayor de 7.
Los datos obtenidos se discutieron en reunión clínica de anestesia. Se propusieron, y luego implementaron, una serie de medidas para modificar esta situación. De ellas las más importantes fueron:
1. Analgesia preventiva
2. Privilegiar anestesia regional en la medida de las posibilidades.
3. Uso de opiáceos intravenosos, peridural e intratecal
A fines de este año abrió sus puertas el Policlínico de Alivio del Dolor para atender pacientes con dolor crónico oncológico y no oncológico.
En el segundo semestre de 1997 se logró incorporar al arsenal farmacológico del Hospital ketoprofeno y tramadol para uso en post operados, servicio de urgencia y maternidad.

Esta experiencia nos demostró cuan significativo era para nuestros pacientes y sus familias el tratamiento adecuado del dolor. Pero era aún una situación limitada al entorno de los pabellones quirúrgicos, la sala de recuperación anestésica y el Policlínico de Alivio del Dolor. Este último había ido validándose cada vez más al interior de la organización, pero su radio de acción seguía siendo limitado y de alguna manera hacía recaer en otros – los especialistas – el tratamiento del dolor. Seguíamos viendo que en las salas del hospital los pacientes padecían dolor y nadie – o muy pocos – parecían darse cuenta; mucho menos tomar el problema en sus manos y resolverlo. Nos pareció necesario efectuar una intervención masiva que contribuyera a poner de relevancia el tema del dolor en nuestros pacientes. Nuestra tesis fue que la mayoría de nuestro personal actuaba con esa aparente desaprensión básicamente por ignorancia; no sabían cómo solucionar el problema y ante esa sensación de impotencia preferían ignorarlo. El viejo paradigma de que el dolor es necesario e inevitable seguía prevaleciendo en nuestro personal incluso en las postrimerías del siglo XX.

Proyecto 1998
A principio del año 1998 nos planteamos realizar una ofensiva en el tema saliendo más allá del Policlínico del Dolor y la Unidad de Post operados.
Diseñamos el Proyecto : “Hospital San José por el Alivio del Dolor”.

El objetivo principal de este proyecto fue que toda la comunidad clínica del Hospital - de los distintos estamentos - reconociera que:
1. - El Dolor existe.
2. - El Dolor es medible.
3. - El Dolor es aliviable ...independiente de su causa.
En la primera etapa realizamos una encuesta entre todos los estamentos del área clínica. Esto nos permitió constatar que el 90% del personal clínico (profesionales y paramédicos) no tenía capacitación en manejo del dolor, y el 50% de los médicos manejaba en forma inadecuada el dolor.

Estrategias de Intervención
En base a los resultados obtenidos en la encuesta desarrollamos estrategias para producir un cambio de conducta frente a la cultura del DOLOR. Estas fueron:
- Normas:
Se elaboraron las normas básicas de manejo del dolor en forma de un folleto.
- Capacitación:
Se elaboró una clase tipo para profesionales, que incluía fisiopatología del dolor, semiología y manejo del dolor crónico y agudo.
Se elaboró una clase tipo para técnicos paramédicos con el fin de motivarlos en el tema y desarrollar destrezas en el uso de la Escala Visual Análoga.
Para impartir las clases se formó un grupo de monitores. En este grupo participaron médicos anestesiólogos, cirujanos, internistas y un gineco obstetra.
Asistieron a la capacitación:

* El 73.6% de los médicos (de todas las especialidades)
* El 88% de los profesionales paramédicos
* El 96% de los técnicos paramédicos
TOTAL: 87% del personal clínico (Equivalente a 500 funcionarios)
Difusión y propaganda
Se distribuyen en el Hospital 60 afiches que destacaban que para los funcionarios del Hospital San José el tratamiento adecuado del dolor era prioritario.
Se distribuyeron las Normas de Manejo del Dolor a 240 profesionales del hospital.
Se distribuyeron 50 tablas de EVA para ser utilizadas en salas de hospitalización.
Publicamos la experiencia en la Revista del Dolor

Adquisición de equipamientos:
En este período se ganó un proyecto SATU (Satisfacción del Usuario) del MINSAL. Con esto se compró 3 bombas de PCA para post operados y una bomba PCA para el Policlínico de Alivio del Dolor para uso domiciliario.

Evaluación de Resultados
1. Dolor Post Op:
En el año 2001 repetimos la encuesta del año 95. Esta vez los resultados nos muestran que casi la totalidad de los pacientes (98%) tienen un índice EVA inferior a 7 al momento del alta de la Unidad de Recuperación. Esto está corroborado además por declaraciones informales del personal de la Unidad que refiere que actualmente los pacientes “prácticamente no se quejan de dolor”.

2. Policlínico de Alivio del Dolor:
En estos años hemos tenido un incremento sostenido en los ingresos de pacientes nuevos al policlínico. También hemos observado que los pacientes oncológicos llegan en forma más precoz y que han aumentado los pacientes de dolor crónico no oncológico. Todo esto lo interpretamos como que la comunidad hospitalaria ha ido validando la acción del Policlínico de Alivio del Dolor y se ha sensibilizado más respecto al tema.

3. Consumo de Morfina:
El consumo de morfina es usado internacionalmente como un buen indicador de calidad de atención en dolor. Si observamos su evolución en el Hospital San José (excluido el Policlínico de Alivio del Dolor) vemos que en coincidencia con las jornadas de capacitación del año 1998 este consumo aumentó al doble y en el 2000 se triplicó respecto al año 1997. (Gráfico 3)

Conclusión
Creemos que la intervención efectuada en el Hospital San José ha contribuido significativamente a mejorar la calidad de atención allí entregada. Con las jornadas de capacitación no sólo se puso de relevancia el tema del dolor, sino que se entregaron elementos para mejorar la calidad científico-técnica de la atención. Por otra parte, un paciente al que se le alivia el dolor es un paciente agradecido y satisfecho, y ello tiene el doble efecto positivo de estimular al funcionario -motivado por el agradecimiento de la persona que está a su cargo y satisfecho por el resultado de su acción correctiva- y mejorar la imagen de la institución ante sus beneficiarios -con lo que también mejora la autoestima del funcionario.
De esta forma vemos cómo hemos actuado sobre los tres pilares fundamentales de la mejoría de calidad en un hospital: la calidad científico técnica, la de interacción y la calidad corporativa. Sin duda queda mucho por hacer – ya hemos dicho que el cambio de la cultura organizacional es un proceso largo y costoso – pero estamos convencidos que hemos dado los primeros pasos y de que nuestra experiencia puede ser replicada en otros hospitales con similares – y mejores – resultados.

http://www.ached.cl/ver_articulos.php?id=4

Dra Carla Pellegrin: ALIVIAR EL DOLOR

Aliviar el dolor

¿Qué es el dolor y cómo fue su aproximación a este tema? “La Organización Internacional del Estudio del Dolor lo define como una experiencia sensorial y emocional asociada a un daño potencial o existente. Es la definición más moderna que existe y lo relevante es que agrega el aspecto emocional al hecho puramente fisiopatológico del dolor. En mi caso, hay una mezcla de hechos que me acercaron al tema. Mi padre murió de cáncer, en diciembre de 1994, y sufrió por el dolor. Lamentablemente, en ese tiempo no tenía los conocimientos para aliviarlo y los médicos que lo atendieron tampoco hicieron grandes esfuerzos para paliarlo. Mi hermano Raúl fue torturado y asesinado por Carabineros en 1988, y padeció dolores inmensos antes de morir”.

¿Tuvo algún tipo de especialización médica que le permitió arribar al tratamiento del dolor?


Los hermanos Raúl y Carla Pellegrin Friedmann en su exilio en Cuba. Raúl, asesinado en 1988, fue jefe del Frente Patriótico Manuel Rodríguez
“Cuando me especialicé en anestesia me interesó mucho el tema del dolor posoperatorio y al terminar, trabajé en anestesia obstétrica. Mi objetivo era que las madres tuvieran a sus hijos sin dolor. Luego de pasar un breve tiempo por el Hospital Militar, llegué al Hospital San José, donde abrimos el Policlínico de Alivio del Dolor, a fines de 1995. La iniciativa formó parte de un programa nacional de alivio del dolor y cuidados paliativos para pacientes con cáncer terminal. Sin embargo, nosotros incluimos a pacientes con otro tipo de dolores no oncológicos. Estas dolencias no tienen la gravedad del cáncer, pero provocan un gran deterioro en los pacientes que las sufren por años, sin un tratamiento adecuado del dolor”.

¿Existe algún tipo de clasificación del dolor?

“El dolor puede ser agudo o crónico. Dentro del primero, está el agudo posoperatorio y ‘otros’; en el segundo los oncológicos y no oncológicos. En el Policlínico del Hospital San José, se trabaja con ambos, pero lo que yo he definido en el dolor agudo como ‘otros’, corresponde a los pacientes politraumatizados, con cólicos nefríticos, neuritis posherpéticas, lumbagos por hernias de núcleo pulposo, etc., que están en tierra de nadie. En la actualidad, la evaluación de los pacientes en todos los hospitales públicos de Chile incluye pulso, presión, temperatura, frecuencia respiratoria y dolor”.

¿Cómo ha sido la reacción de los médicos y del personal paramédico frente al tema?

“No ha sido fácil. El tema no se introduce a través de un decreto, sino mediante un cambio de cultura. Es necesario comprender que el dolor es el síntoma más antiguo de la humanidad y el menos tratado. Más del 90 por ciento de las consultas en los servicios de emergencia están asociadas a distintos tipos de dolor. El problema es que los médicos exploran el origen de la dolencia, pero no se preocupan de aliviarlo. Nosotros planteamos que es necesario calmarlo, además de buscar qué lo provoca. Lamentablemente, no todos los colegas lo entienden así. En mi caso, tengo una sensibilidad y un compromiso especial con el tema, debido a mi historia personal. Si atiendo a un paciente que tiene una determinada enfermedad y siente dolor, para mí lo primero es aliviar ese dolor que provoca sufrimiento al paciente”.

¿Qué argumentan quienes se resisten?

“Plantean que si se quita el dolor se enmascaran los síntomas. Pero está comprobado que con determinados analgésicos es posible bajar la intensidad del dolor, sin que ello ocurra. Lo importante es medir el dolor del paciente a través de una escala visual análoga que va de 0 a 10. Sin embargo, como el dolor es algo subjetivo, relacionado con las vivencias de cada persona, con el umbral de dolor individual, se requiere utilizar los analgésicos de acuerdo a esa realidad. En la capacitación que realizamos a nivel nacional, se tuvo en cuenta la idea de optimizar los conocimientos y los recursos. Con un buen uso de la dipirona, paracetamol y la morfina, se puede aliviar el dolor en un porcentaje muy importante, a un bajo costo”.

¿Cómo era la situación de los pacientes antes que se introdujera el concepto de alivio del dolor? ¿Existía algún tipo de control?

“Había algún manejo, pero se hacía en forma improvisada, no protocolizada. Incluso en la actualidad, muchos colegas son resistentes al tema. Piensan que lo hacen todo perfecto y cuando evaluamos el dolor de sus pacientes y detectamos que el analgésico que le dieron no era el adecuado, se molestan. La evaluación del dolor sirve de alguna manera para evaluar la labor de los médicos y corregir ciertas falencias que van en desmedro directo de los pacientes”.

¿Esto se da particularmente en Chile o también ocurre en otros países?

“La resistencia al alivio del dolor es un problema mundial. En Estados Unidos y Europa sucede lo mismo. Analizando las razones de este fenómeno, hemos concluido que como a los médicos les cuesta mucho enfrentar el sufrimiento de sus pacientes, niegan el dolor. Si uno no les da un esquema muy claro para el manejo del dolor, simplemente no lo ven y niegan el problema. Si enfrentan a un paciente con neumonía, no tienen ningún problema para administrarle antibióticos. Pero si el paciente siente dolor, no lo ven porque para ellos lo importante es la neumonía. Hay que producir un cambio de mentalidad en los médicos para hacer de la medicina una ciencia más eficiente y humana.

¿Hacia dónde ha orientado sus esfuerzos Ached?

“Comenzamos por los hospitales públicos, porque la mayoría de los chilenos se atiende en ellos. Sin embargo, el mal manejo del dolor también es parte del sector privado, y no se debe a falta de recursos sino a un problema de actitud frente al tema. En el Hospital San José en 1995 partimos haciendo un trabajo sistemático para producir un cambio de cultura respecto del tema. Tuvimos que hablar con los colegas en forma individual, participar en las reuniones clínicas y fue realmente muy difícil”.

Enfermos de cáncer terminal

Me imagino que en las carreras de medicina no está incluido el dolor. Si es así, ¿han realizado ustedes alguna propuesta?

“El tema no existe en el currículum. Se estudia farmacología y fisiopatología del dolor, pero no existe un ramo específico. Como Ached propusimos un currículum de pregrado a los decanos de las escuelas de medicina, y no lo aceptaron. Por eso pienso que la única manera de generar el cambio es trabajando directamente con los estudiantes. En el Hospital San José hacemos docencia a los internos y a los becados de anestesia. Todos los becados del Hospital J. J. Aguirre pasan por un módulo específico de dolor. Esto los hace tener una postura distinta cuando atienden a un paciente con dolor, independientemente de la causa que lo provoque. Lo que más les recalco es que deben tener un compromiso frente a cualquier paciente con dolor. Es prioritario despertar la sensibilidad de los alumnos y revertir la resistencia al tema del dolor desde la formación en medicina”.

¿Cómo enfrentan concretamente el dolor de los pacientes? ¿Qué analgésicos utilizan y cómo los administran?

“Enseñamos y aplicamos la analgesia polimodal. Consiste en usar distintos analgésicos que tienen diferentes mecanismos de acción, pero que al utilizarlos juntos se potencian en su acción. Es importante partir por lo básico y elemental: dipirona, paracetamol y morfina, que pueden ser administradas por vía intravenosa u oral”.

¿Cómo es la experiencia de alivio del dolor con enfermos de cáncer terminal?

“En los diez años de trabajo en el Policlínico, hemos atendido alrededor de tres mil pacientes. Lo más importante es contar con un equipo multidisciplinario adecuado. Nosotros conformamos un equipo muy sólido, compuesto por médicos, enfermeras, sicólogas y un técnico paramédico. Todo nuestro conocimiento, experiencia y energía lo ponemos al servicio de los pacientes terminales, para mejorar la calidad de vida del tiempo que les queda. El cáncer provoca un serio deterioro físico en los pacientes que lo sufren, pero cuando además hay dolor, genera angustia, irritabilidad e insomnio, entre otros trastornos. Es muy gratificante aliviar el dolor de estos pacientes y ver cómo incluso les mejora el apetito. Además, estimulamos otras actividades como la literatura. Mi madre, Judith Friedmann, realiza un taller con ellos: leen y escriben sus vivencias y sentimientos”.

Usted asistió al actor Fernando Gallardo hasta su muerte. ¿Cómo fue la experiencia con él?

“Fue un caso muy interesante, porque se fue produciendo una transformación en él. Cuando llegó al Policlínico, tuvo una actitud muy soberbia. Sentía que no nos necesitaba. Sin embargo, eso cambió y establecimos un vínculo muy fuerte. Fue una experiencia muy hermosa, porque pudimos conversar mucho y negociar ciertos aspectos relativos a su tratamiento. Como tenía una metástasis ósea y existía un alto riesgo de fractura, le propuse que usara un bastón. Rechazó de plano la idea, porque sentía que se vería viejo y desvalido. Le expliqué que tenía que ver al bastón como a un amigo que lo protegería. A la siguiente consulta, llegó caminando con su bastón. El día anterior a su partida, lo visité en su casa y le pedí que cantáramos juntos las canciones de su personaje ‘Cachencho’, que yo cantaba en mi infancia. El accedió y cantamos junto a su hija. Fue nuestra despedida”.

La impronta de Cuba

¿Cómo la marcó haber estudiado en Cuba, como profesional y ser humano?

“Soy médico gracias a la posibilidad que tuve de estudiar mientras estuve exiliada con mi familia en ese país. El legado más importante que recibí, como médico, es el énfasis que se da en la medicina cubana al aspecto humano. Nos enseñaron a ver al paciente como un ser humano, a abordarlo en forma integral. El compromiso y la sensibilidad con el paciente, para tratarlo lo mejor posible en lo técnico y en lo humano, lo aprendí en Cuba”. ¿Qué diferencias existen con la medicina chilena? “En general la formación técnica en Chile es muy buena. Sin embargo, el modelo neoliberal ha dejado una huella profunda en la medicina. Yo tengo la suerte de compartir con excelentes médicos en lo técnico y en lo humano, pero hay un sector importante que ve la profesión como un buen negocio. Existen pacientes de primera y de segunda clase, dependiendo de los medios económicos de que dispongan. Eso es una aberración, porque para un médico el paciente debe ser siempre el mismo: un ser humano al cual hay que asistir con la mayor dedicación y amor”.

¿Qué ha significado para usted en lo humano y en lo profesional trabajar con el dolor?

“Mi trabajo es mi pequeña revolución. He actuado de acuerdo a los valores de solidaridad y consecuencia que me legaron con su ejemplo mis padres y mi hermano. Siento que tengo el privilegio de hacer en mi vida personal y profesional aquello que muchos no pueden hacer, porque murieron en el intento por construir una sociedad más justa y ética. Aliviar el dolor de los pacientes pobres es un homenaje que yo le rindo todos los días a mi hermano Raúl”




Manuel Holzapfel Gottschalk
http://www.voltairenet.org/article142225.html